Como rezagos de la colonia que supo organizar políticamente a los indígenas a fin de mantener en ellos y con ellos el orden, procurar la subsidiaridad y estimular el progreso en cada lugar;  en Ludo -pueblo en el que convivían claramente dos grupos sociales-, el cabildo de la porción indígena, tuvo vigencia hasta finales de los años 70's.

 

Para los indígenas puros se trataba de un verdadero honor, era un puesto de dirección y de mando encabezado por el "taita Alcalde" y los regidores para un tiempo determinado; parece que era para un año. Esto deduzco porque cuando niño observaba en cada año nuevo, la presencia masiva de ellos, para saludar y recibir del Sacerdote y del Teniente Político (función que por algún tiempo cumplió también mi Señor padre) la varilla de mando.

 

Ese día, quienes habían tenido el honor de asumir tales funciones celebraban fiesta que lo hacían con recato. También era una buena oportunidad para comunicar a los "chazos" del centro parroquial del acontecimiento y ponerse a las órdenes.

 

El Alcalde era una verdadera autoridad en el área indígena; sin embargo ya que respetaban cuidadosamente las leyes civiles y eclesiásticas vigentes, jamás se ponía por encima del párroco o del Teniente Político; sino que más bien, coordinaba con ellos todo lo concerniente a mingas y proyectos que tenía que ver con el progreso integral de la parroquia.

 

De su seno salían personas para cumplir la misión de: CELADORES o RONDAS (especie de guardas o policías); KIPEROS, que eran los encargados de subir a las colinas estratégicas para desde allí,  luego de hacer sonar un caracol llamado kipa, dar a conocer a los campesinos esparcidos por las zonas, noticias de interés general o convocar a las mingas o reuniones; y, SEMANEROS, hombres y mujeres, por lo regular jóvenes, que tenían el honor de turnarse en la casa parroquial para realizar ciertos menesteres como cultivar la cuadra, cocinar, cuidar de los cuyes, ovejas y caballos, propiedad de la iglesia.

 

También del cabildo se nombraba al SINDICO, que desde tiempos inmemoriales y no solamente aquí sino en todo el territorio nacional, administrativamente, hace el papel de ecónomo, representante legal y pastor laico de la Iglesia Católica. En Ludo fue célebre el Síndico Manuel Jesús Pucha, valorado por su prestigio personal y acrisolada honradez. Se nombraba a DOCTRINEROS, verdaderos catequistas muy preparados que enseñaban la doctrina cristiana al pueblo después de la misa dominical que los sacerdotes lo hacían en latín. En este sentido fue notable la actuación del Señor Luis Antonio Yari que hasta los años 70´, los Viernes Santos, luego de la procesión por las calles que conducían al cementerio, en el templo y ante la magnífica imagen de Jesús yacente, cantaba a coro la "Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" en quichua. Y finalmente al SACRISTAN. El señor Paulino Fernández, de feliz memoria a quien conocí cuando era niño y vivía en Ludo, fue un fiel, digno y sabio sacristán, como no he encontrado otro que cumpla tan bien y con tanto respeto este sacro ministerio.

 

El cabildo de Ludo, solía reunirse en pleno y dedicar el LUNES DE CARNAVAL para saludar, primero al sacerdote en la casa conventual; y luego, al Teniente político y su familia en su residencia; llevándoles abundantes regalos consistentes en leche, quesillos, huevos, aves de corral, cuyes, algún corderito recién nacido, etc. Con motivo de la FIESTA DEL CORPUS, que en Ludo se celebraba con una misa solemne y una magnífica procesión con altares de vistosos colores en los que era depositado el Santísimo Sacramento, los miembros del cabildo volvían a reunirse, y en medio de la algarabía de danzantes y otros disfrazados entregar al sacerdote los choclos, zambos, zapallos, perdices y casi siempre un venado, que habían formado parte de la huerta artificial que se arreglaba en la plaza central y se la ponía tras de un cerramiento de carrizos para ser admirado por los concurrentes.

 

En las fiestas de devoción indígena como la del 11 de octubre en honor al San Luis Beltrán, y a la Santísima Virgen María de la Natividad el 8 de diciembre, era infaltable la presencia de disfrazados,  como los que todavía se puede apreciar por las zonas de Tarqui o de El Valle, o más vistosamente en el norte del país. Asimismo había escaramuza, loas,  danzantes  y contradanza. Tres bailes llamativos; el primero de origen hispánico que, según algunos antropólogos, recuerda la expulsión de los moros de España en 1492; y el segundo y tercero, de origen incásico que hace remembranza a las fiestas del Inti Raymi.